La élite criolla que se hizo con el poder el 20 de julio era de un liberalismo muy moderado que oscilaba entre la monarquía y la república, según soplaran los vientos, y fue personificada por José Miguel Pey, Jorge Tadeo Lozano, Manuel de Pombo, Pedro Groot y Antonio Baraya, capitaneados por su mente más brillante: Camilo Torres.
Pero enfrente de este sector político, se organizó un partido más radical, popular, republicano y claramente independentista, dirigido por José María Carbonell, con base en el barrio popular de San Victorino, partido al que se sumaría posteriormente Antonio Nariño, para convertirse en su gran jefe. La ciudad quedó políticamente dividida en 'carracas' y 'chisperos'.
miércoles, 21 de julio de 2010
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